Decimocuarto día de viaje. Dos semanas ya, y todavía no nos habían disparado. Esa mañana después de pasar la noche en l estación de Split, que parecía un tanto abandonada, conseguimos habitación en una casa particular. Como en el caso de Mostar. Resulta que el hijo de los dueños había estado en Santander en el Centro Retro y allí tenía fotos de la ciudad. La casa no estaba mal y el tipo parecía un ex-combatiente.
Split no está mal, pero tampoco es la repanocha, el casco antiguo resulta que está encajado dentro del antiguo palacio imperial de Diocleciano. La plaza actual era la sala de reuniones, por ejemplo, era muy curioso como se había adaptado la población a las antiguas dependencias palatiles. Y por supuesto el fervor popular por el Hajduk Split, el equipo de la ciudad, había referencias a él por todos lados.
Después de visitar Split por la mañana decidimos visitar la isla de Vis, a dos horas en barco. Antigua sede de la armada yugoslava es la menos turísticas de las islas croatas, pero empieza a ser descubierta como lugar donde pasar una temporada. Es muy parecida a cualquiera de las islas Eolias, me recordó extrañamente a ese otro viaje que hice a las islas al norte de Sicilia. Allí alquilamos un coche en el mismo Vis, capital de la isla, un pueblucho, que apenas tiene 4 o 5 pueblos. Después de dar un voltio por Vis cogimos el coche para ir a Komiža, al otro lado de la isla, a 15 km o así, no mucho. Allí pasamos la tarde tostádonos como lagartijas, croatas por supuesto.
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