Decimotercer día de viaje. Después de llegar el día anterior a Dubrovnik decidimos dormir en la estación de autobús. Al llegar pasamos por una situación digna de estrella de Hollywood al llegar a la estación. Nada más bajarte del autobús te asaltan cientos de personas con un cartelito ofreciendote habitación, pero es según pisa el primer escalón para bajar, ROOMS! ROOMS!, se empujan, se abalanzan sobre tí y te persiguen, ROOMS! ROOMS!, daba igual que se lo hubieras dicho setenta veces, volvían a mirarte y te volvían a decir rooms?, QUE NO! COJONA!, que me encanta dormir al raso.
Después de pasar la noche en la estación muy de mañana iniciamos la visita a Dubrovnik, y hacerlo tan de mañana es un acierto, no hay ni un turista a las 7 de la mañana y puedes contemplar la belleza de sin duda la perla del viaje. Alas 11 de la mañana no ves ni las baldosas del suelo de la pilísima de gente que se agolpa en las calles.
Dubrovnik es toda ella Patrimonio de la Humanidad y según entras en el caso histórico no te pregunats porqué. Es preciosa, parece anclada en el tiempo, lo único malo que es muy turística y encima es casi parada obligatoria de los cruceros por el Mediterráneo.

dentro de las murallas todo es barroco, tal y como lo dejaron los venecianos. Dubrovnik en italiano es Ragusa.
En Dubrovnik te puedes pegar un paseo de 2 o 3 km por las murallas de la ciudad, desde donde tienes unas vistas curiosas del interior de la ciudad y la zona circundante como la isla de Lokrum, a la que fuimos a la tarde. Dubrovnik fue de las primeras ciudades bombardeadas de la guerra, ya que es fronteriza con Serbia, Montenegro y Bosnia, pero al ser Patrimonio de la Humanidad lo reconstruyeron todo rápidamente ya que llegaron fondos de diversos sitios. En lo único que te puedes dar cuenta de que la guerra pasó por aquí es que todos los tejados son nuevos, algo que sólo ves desde las murallas.
Esa tarde después de visitar Dubrovnik fuimos a tomar el sol a la cercana isla de Lokrum. Llegabas a ella por medio de una especie de Regina o Pedreñera. Para mí fue la mejor “playa” del viaje, eran lajas de piedra lisas, no como las malditas piedras puntiagudas y seguramente untadas de curare de las demás “playas” croatas.
Después de esta visita de Dubrovnik a Split cogimos un autobús (por que a Dubrovnik no llega el tren) por la noche que nos llevó hasta Split, hogar del afamado “banana split”, donde dormimos en la estación nada mas llegar. Pero eso ya lo contaré.

















