Duodécimo día de viaje. Despertamos en casa de Dada, la mujer que nos ofreció habitación por 10 euros la cabeza. Su casa estaba a unos 100 metros de la estación, incluso menos. Nos dejó unas llaves y nos fuimos a pasear por Mostar y sobre todo a desayunar, que no habíamos cenado aquella noche. Desayunamos, si amogos, un maravilloso Ćevapčići, la joya culinaria bosnia, eso si que es un desayuno, y no cigarrillos con agua, encima al módico precio de 2 euros y pico, sumando un yogur o kefir. Viva Bosnia y sus Ćevapčići, solo por ellos merecen la independencia. Que me perdone la madre patria serbia.
Bueno pues Mostar si que está hecho picadillo, parece que las tropas se han retirado antesdeayer, se e que han reconstruído gran parte de la ciudad, sobre todo del casco histórico y el mítico puente de los francotiradores, pero la parte norte, my god, eso si que está reventado.
Ahora mismo está resurgiendo como destino turístico, que si que es bonito y chulo y volvería a ir, pero creo que la gente va mas por el morbo que por otra cosa, gente entre la que me incluyo claro. Los chavales que conocimos se metieron entre unas ruinas a escarbar, cosa que no recomiendo, que la zona todavía está llena de minas y esas cositas y encontraron una pila de casquillos.
Era bastante normal ver los edificios como reconstruídos a mitad, parecía en algunos casso hecho a drede, como para recordar. Por ejemplo en la calle principal norte un lado estaba siendo reconstruído por medio de ayudas de diversos países, y venía el cartel en serbocroata y en el del país de origen de la ayuda que en esta ciudad, la española es mucha, por ello supongo que renombraran a una plazuela la plaza de España. Pero sin embargo el otro lado de la calle queda como se quedó tras los combates.

El caso de los edificios mitad sí, mitad no. La explicación puede estar simplemente en que un portal se ha renovado y el otro no.
Después del paseo por la zona norte regresamos al centro de la ciudad, al casco histórico, donde está la zona turística y comercial. Una zona guapa, guapa, con su mítico Puente Viejo (reconstruído), las mezquitas (también tiene una gran población musulmana), y su pequeño pero animado mercado. Todo ello es Patrimonio de la Humanidad.

La normalidad ha vuelto a Mostar. Turistas comiendo en las terrazas mientras observan los pepinazos de los edificios
Después de echar unos dobro duhan (buen tabaco) en Mostar y agregar unas cuantas palabras a nuestro diccinario de serbocroata esa misma tarde cogimos el bus con dirección a Dubrovnik, y adentrarnos nuevamente en tierras croatas. Después de otr sesión por supuesto de passport please, ya que depués de llegar a la costa croata hay que pasar los apenas 10 km que tiene Bosnia de mar, así que en ese trayecto nos lo pidieron 6 veces. Salida de Bosnia entrada en Croacia, el paso del mar bosnio 4 veces, dos por pase de frontera.










