Octavo día de viaje. Abandonamos por unas horas Zagreb para encaminarnos hacia el norte de Hrvastka (Croacia, para los no serbocroataparlantes) con la intención de acercarnos a la frontera húngara y visitar dos poblaciones: Varaždin y Čakovec. La segunda ya os aviso de que jamás perdáis el tiempo por sus calles y de paso abrasad hasta los cimientos la editorial que proporciona las guías que aseguran que es un bonito lugar.
Pero Varaždin, queridos amigos, ya es otra cosa, esto si es bonito, desde el punto de vista occidental, por supuesto. Varaždin fue durante un corto período de tiempo del siglo XVIII la capital de Croacia, ya que Zagreb ardió como jamás antes había ardido, y cuando una ciudad se convierte en capital, aunque sea por breve espacio de tiempo se nota.

Y moi mismo, (Javier Vallejo), tomando un fiero desayuno a base de leche croata y compresas sangrantes
Varaždin como os comentaba es una de las ciudades en la que la mistura de culturas es mas patente, aquí se pueden observar construcciones de todos los que han pasado o han dominado estas tierras, desde los antiguos eslavos, pasando por alemanes, húngaros, austríacos y como no, croatas. La ciudad, además, es uno de los puntos a visitar, al menos del norte de Croacia. Sus calles casi todas están empedradas, empedrado que estaban reparando, su casco viejo, bastante amplio, tenía unas construcciones bastante originales en cuanto a decoración exterior que hacía bastante amena y multicolor la visita, aunque el cielo comenzaba a barruntar lluvia. Como veríamos al día siguiente. Y aquí es donde recibimos la primera noticia sobre el tabaco bosnio. O dobro duhan que dirían ellos.
Varaždin cuenta además con una de las mayores fortalezas medievales croatas, en donde se ve la influencia germánica en la construcción, supongo que fruto de estar tan cerca de la frontera con austríacos y húngaros y a que posiblemente existieran hasta por lo menos la IIª Guerra Mundial poblaciones permanentes de alemanes al menos desde el siglo XII.
Y en cuanto a la otra ciudad que visitamos, Čakovec, no tiene sentido comentar ni enseñar nada, por que no merece la pena ni mencionar su nombre. Lo único destacable es su característico olor a torreznos que te atiza en la cara nada mas bajarte del tren. En cuanto a lo demás, población a saquear y no dejar piedra sobre piedra, matando mujeres y violando ganado. En ese estricto orden.
Después de huir de Čakovec como si una horda de croatas nos persiguiera volvimos a Zagreb, para hacer tiempo hasta las 00:15, que es cuando salía el tren nocturno hacia Belgrado, Serbia (Srbija), tierra de mis antepasados. Una teoría que ya contaré mas adelante. Dejábamos entonces de nuevo Croacia, pero para volver mas adelante. Todavía no habíamos acabado con los croatas.














